POV CAROLINE.
Entre maldiciones bajas luché contra el temblor de mis
manos, intentando encajar la llave en la cerradura…
El aire se sentía demasiado espeso al
respirar, mis movimientos parecían demasiado lentos a pesar de que sentía
vértigos por la rapidez con la que me obligaba a moverme, aun cuando los
temblores de mi cuerpo dificultaban el proceso. Cada segundo que corría parecía demasiado tiempo perdido.
Quería detenerme y regular mi
respiración, pensar con cabeza fría una posible solución que pudiese asegurarme
una buena conclusión para esa noche, pero no podía. Tener control sobre mi
respiración y las crecientes convulsiones de mi cuerpo, parecía una completa
hazaña.
Sentía el golpeteo de mi sangre en mis
cienes, hasta el punto de nublar mi vista, como si en cualquier momento mi
cabeza fuese a estallar en millones de pedazos. Mi respiración secaba mi
garganta, la cual ardía al igual que mis fosas nasales.
- ¡Maldita sea! – escupí frustrada, en
mi tercer intento de abrir la puerta. Mis dedos estaban blancos ante la presión
que ejercía sobre las llaves.
De no haber estado lo suficientemente
cuerda como para recordar que tenía que ser silenciosa por el bien de los otros dos miembros de mi familia que
dormían en el piso de arriba completamente ajenos a toda la locura que yo
estaba viviendo, la habría pateado hasta el cansancio.
- ¿Qué es ese vocabulario tan poco
elegante?
Contuve el aliento violentamente. Mis
ojos abiertos como platos se fijaron en la puerta y mis manos al igual que todo
mi cuerpo se paralizaron. Las llaves se resbalaron entre mis dedos, el
chirriante ruido al hacer contacto con el piso fue el único sonido presente en
los siguientes cinco segundos. El golpeteo sordo de cada latido de mi corazón
repicaba dolorosamente en la parte trasera de mis oídos.
- Respira. Que sufrieras un infarto le
quitaría toda la diversión al asunto.
Una voz fina, delicada pero a la vez
teñida de burla, que no terminaba de encajar en la descripción de femenina por
el tono diabólico que envolvía cada palabra, hizo que un escalofrío recorriera
mi espalda. Sentí como la sangre abandonaba mi rostro y mis manos empezaban a
sudar frio.
Joder…
Con una exagerada lentitud, giré mi
rostro en la dirección de donde había percibido, provenía la voz. Entonces la
vi, parada en medio de la penumbra de mi cocina, justo tras de mí. Supe por
inercia de quien se trataba.
Una mujer de cabello largo y negro como
el carbón, alta y esbelta de tez inhumanamente pálida. En cada una de sus
facciones abundaba una perfección que solo podía ser sobrenatural. Su cabeza
estaba ladeada, sus ojos rojos, como dos pozos de sangre espesa me miraban
divertidos, como un león miraría a su presa fácil. Y eso era yo en ese momento…
una débil humana frente a un vampiro. Muy
fácil.
Trate de organizar mis pensamientos,
demasiada información se revolvía en mi cabeza. Y entre todo el estrés del
momento, note la ausencia de Camila. No me había seguido, y no podía estar más
aliviada por ello, en una situación como esa, ella entraría en pánico. Por
primera vez me alivie de que fuera tan nerviosa, seguramente estaba encerrada
en el baño asustada. Solo esperaba que ningún otro vampiro entrara a la casa.
En silencio, dentro de mi cabeza, pedí
a todo aquello en lo que yo creía que Camila se quedara en arriba, a salvo. Giré
sobre mis talones y deje mi espalda pegada contra la puerta. Respiraba con
cautela, cualquier movimiento en falso podría ser peligroso.
- ¿Quién eres? – pregunté, sacando mi voz
desde lo más profundo de mi ser y aun así sonó fina, quebrada y temblosa. Completamente humillante.
Sabía que se trataba de una de las
trillizas vampiro, porque su aspecto encajaba a la perfección con las
descripciones hechas por mis hermanas, sin embargo, tenía que ganar tiempo
mientras pensaba la manera de sacarla de mi casa… y muy en el fondo esperando
que Alice apareciera en cualquier momento.
Alice, por favor…
La vampiro sonrió ante mi pregunta,
dejando ver sus blancos colmillos, haciéndome pensar que después de todo, los demonios podían parecer ángeles al
sonreír.
- Mi nombre es lo que menos importa –
respondió tranquilamente.
Se encogió entre hombros y camino en mi
dirección, observé sus movimientos como en cámara lenta. Deje de sentir mis
piernas y tuve que sostenerme de la manilla de la puerta para no caer sobre mis
rodillas.
–
Tú debes ser la menor – meditó, cuando estuvo lo suficientemente cerca como
para inclinar su rostro frente al mío y ejerciendo toda la fuerza escarlata de
sus ojos en mí.
Contuve la respiración.
- ¿Qué es lo que quieres? – solté
torpemente, tratando de parecer valiente aunque todo mi cuerpo gritara lo
contrario.
Alzó una ceja y para mi alivio,
retrocedió dos pasos frente a mí. Parecía confundida, pero no estuve segura,
solo podía concentrarme en no caer sobre mis rodillas.
Demasiada adrenalina corría por mis
venas, al punto de hacer que mis músculos estuvieran completamente tensos. Maldije
tantas veces que perdí la cuenta, aumente la fuerza en mi agarre contra la
manilla. Solo quería correr lejos de
allí, buscar a Karen y al mismo tiempo ir a consolar a Camila y esa mujer
estaba impidiéndomelo, y por su actitud tenía ganas de charlar.
Mierda, mierda, mierda.
No veía manera de librarme de la
situación sin que mis opciones representaran un paso en falso. Podría exponer a
Camila, Melanie o Fred si no me comportaba.
- Explicaciones – me contestó y
seguidamente empezó a caminar lentamente de un lado a otro frente a mí, con sus
manos apoyadas en su fina cintura. Llevaba ropa ajustada, que la hacía parecer
una prostituta, pero sin embargo, no opacaba el aire elegante que emanaba.
Su respuesta no fue algo que yo
esperara, estaba preparada para una amenaza de muerte como mínimo. ¿Qué
explicaciones podría ella querer de mí? Mantuve mi expresión neutra, sin dejar
ver mi confusión. Ella no estaba mirándome pero yo observaba cada paso suyo
como si en cualquier momento fuese a saltar sobre mí. Me encontraba
completamente a la defensiva, me sorprendía como estaba logrando mantenerme
firme ante la situación, pero no me daba mucho crédito, pues la fuente de mi
valentía eran aquellos a los que yo amaba y estaban en peligro por mi culpa.
Me obligué a respirar profundo varias
veces, calmándome, sin mucho éxito, pero al menos fui capaz de soltar la
manilla y sostener mi cuerpo por mí misma.
- ¿Explicaciones? – repetí cuando
encontré mi voz.
Asintió y detuvo su marcha. Se cruzó de
brazos en un movimiento tan fugaz que no fui capaz de percibir del todo.
- ¿Sobre qué?
- Sabes que soy ¿verdad?
Fruncí el ceño ante su pregunta y
aunque dudé, le respondí.
- Sí.
- Sabes quién soy y para que he venido.
Tragué grueso.
Claro que lo sabía, ella había venido a
vengarse, por eso se habían llevado a Karen y sabría Dios cuales eran sus
planes para con la vida de mi hermana, solo podía presumir que no eran unos que
procuraran su perduración. Y por la misma razón ahora estaba frente a mí,
seguramente planeando matarme y luego al resto de mi familia, no veía que otras
intenciones podía tener ajenas a asesinar.
La boca de mi estómago se contrajo. De
repente quise vomitar.
Mis manos se volvieron puños. Quise saltarle
encima y exigirle que trajera a mi hermana de vuelta, pero sabía que si lo
hacía, la vampiro me arrancaría la cabeza antes de que si quiera yo llegara a
tocarla.
- Tu pulso se ha acelerado, es obvio
que lo sabes – se burló ante mi silencio – Pero… ¿Cómo es que te mantienes tan
calmada? Tus hermanas se comportan como cualquier humano normal pero tú… -
volvió a acercarse y esta vez a una distancia tan mínima que la punta de
nuestras narices se rozaron casi imperceptiblemente. Las náuseas incrementaron - estás asustada, sabes que podría matarte en
cualquier momento, comprendes lo que está pasando y aun así no es la reacción
que esperaba… ¿Cómo es que saben sobre
nosotros y siguen vivas? ¿Por qué les protegen tanto los del otro clan? –
Insistió ante mi silencio - ¿Cómo es que siempre están preparados para nuestros
ataques? Porque por el demonio, me ha costado poder llegar hasta aquí – rodó
los ojos – aunque debo admitir que le ha puesto algo de diversión al asunto, de
todas formas odio las presas fáciles. Esto de jugar al gato y el ratón, ha
vuelto esto un poco interesante.
Mantuve la boca cerrada, hablarle del
don de Alice seria darle algún tipo de ventaja.
- ¿Qué no piensas responderme? – rugió.
No dije nada.
- Por lo que veo no me servirás de
mucho, al menos tu olor es decente y puede que te disfrute como aperitivo antes
del plato principal.
Jadeé ante sus palabras, de manera
vergonzosa. Acaba de dictar mi sentencia de muerte, y aunque lo esperaba,
escucharla hablar de ello como si yo fuese una simple rebanada de pan sobre su
plato, me congelo la sangre.
Jesús, respira, Line. Respira –
repetí tantas veces que perdí la cuenta, mientras su mirada se fijaba en mi
cuello.
Sentía más miedo del que había sentido
en toda mi vida. Un miedo que se colaba en mi piel y congelaba cada poro. Un
miedo que me decía que corriera y a la vez que no me moviera. Solo pude
observarla con los ojos tan abiertos como fui capaz, atenta a su próxima
movida, a sabiendas de que podría ser la última cosa que viera. Solo pedía que si me mataba, dejara al resto
de mi familia en paz.
El entrecejo de la apabullante mujer se
contrajo.
- Observas mis movimientos como si
fueses capaz de predecirlos… ¿Crees que podrías detenerme si yo quisiera
dejarte sin una gota de sangre ahora mismo? – ladeó la cabeza.
Su pregunta sonó más bien como un reto
y la lengua se me iba sola ante las ganas de gritarle que me pusiera a prueba,
aunque sabía que no tenía oportunidad. La forma en la que me miraba, el tono
que utilizaba, me hacía sentir como una rata de laboratorio siendo analizada,
porque literalmente eso representaba yo ante ella… la vampiro estaba
analizándome, sentía curiosidad por mí, pero ¿por qué?
Me sentía tan pequeña y humillada que
me enfurecía. Entrecerré los ojos ligeramente.
- Estoy consciente de que no podría –
respondí tajante sin siquiera permitirme parpadear.
Se alejó de nuevo, soltando una fina
risa que lejos de ser agradable, resulto chirriante en mis tímpanos.
- Eres todo un personaje querida… ¿Cómo
es que es tu nombre? - miró hacia un lado
como si tratara de recordar algo, como si nos hubiésemos presentado antes
- ¡Oh, claro! – Aplaudió sordamente -
¡Caroline!
No pude contener la expresión de
sorpresa en mi rostro que se esforzaba por parecer inexpresivo.
- ¿Cómo es que sabes mi nombre?
- ¿Por qué tendría yo que responderte? –
soltó, haciéndose la ofendida - Te he hecho preguntas y ¡simplemente te has
mantenido callada como una estatua!
- He respondido una – alegué
inmediatamente, sintiéndome absolutamente ridícula ante mi terquedad incluso
cuando no era el momento de dejarla relucir.
La comisura izquierda de sus labios se
curveo hacia arriba, en una extraña sonrisa, que acompañaba a su mirada
incrédula.
- Eres la primera humana con la que he
podido tener una conversación que difiere de gritos y correteos pastosos.
Bastante interesante, me agradas Caroline – continuó como su andar
despreocupado frente a mí – solo responderé aquello que tú me has respondido. –
puntualizó.
Volví a guardar silencio, sin
comprender qué demonios pretendía.
– Mi nombre es Phoebe Nicols, nací en 1897 en
Pensilvania, ¿contenta?
Negué con la cabeza. No estaba para
presentaciones cordiales y sabía que ella tampoco.
- ¿Qué es lo que pretendes?
- ¿Ansiosa? – Se burló – ¿Por qué la prisa? Creo que nos estamos llevando
bastante bien ¿no crees? – sus ojos brillaron con maldad cuando volvió a
mirarme. Se me erizaron los vellos de la nuca.
Le dedique la mirada más furibunda que
fui capaz. Estaba jugando con mi mente, quería que gritara y corriera como
seguramente habían hecho sus víctimas anteriores, porque eso le daba placer, la
chispa sádica que destellaba en su mirada y se asomaba en su sonrisa irónica me
lo dijo. No lo lograría conmigo. Si tenía que ser asesinada por un vampiro a
cambio de las vidas de mi familia, lo seria. Y si ella iba a matarlos, no
quería estar viva para entonces, y quizás si ellos eran inocentes a lo que
estaba pasando, su muerte seria momentánea, menos dolorosa.
Lágrimas ácidas, ardientes, llenas de
frustración inundaron mis ojos. Mis dientes chirreaban y tenía una loca
necesidad de correr y llevarme todo el asunto tras de mí, como debía ser. Yo me
había metido, yo debía sufrirlo. Nadie
más.
Todo por tu maldita culpa, Roses.
Pensar en que yo era la culpable de
todo, me hizo sentir que tenía que encargarme de ello, sin tener ninguna
compasión conmigo misma para saldar mi error. Resoplé con determinación. Hora de acabar con esto.
- ¿Por qué no vas al grano? – Mi voz
ronca y baja, luchaba por no quebrarse - ¿Qué demonios quieres?
Sonrió ampliamente. Complacida con el
par de gruesas lagrimas que corrieron cuesta abajo por mis mejillas.
- Solo esperaba alguna estúpida
reacción humana por tu parte – limpió una lágrima en mi mejilla y aparte el
rostro con repulsión. Estaba perdiendo la paciencia, tenía demasiado estrés y
miedo como para mantenerme sumisa a sus estúpidos juegos mentales – por fin has
mostrado algo más que un corazón latente, estaba empezando a pensar que en
verdad eras diferente, pero veo que la diferencia no es demasiada, sin embargo,
sigues sin quebrarte y suplicar por tu vida… – tomó mi cara con una sola mano y
sin delicadeza alguna me obligo a mirarla. Mi mandíbula traqueó en el
movimiento - eso es completamente nuevo.
Mantuve mi mirada fija, tratando de
sostener la poca dignidad que me quedaba. Contuve un grito cuando en mitad de un
nanosegundo su mano estuvo contra mi garganta y con fuerza me sostuvo un par de
centímetros del suelo. No percibí movimiento alguno hasta que su piel fría
estuvo en contacto con la mía. A penas podía respirar. Movía mis pies buscando
apoyo, sin éxito.
- ¿Por qué me miras de esa forma? – Se
burló chasqueando la lengua – no creo que estés en condiciones de ser grosera
conmigo, pequeña Caroline - La fulminé con la mirada, lo que hizo que apretara
más su agarre y yo tosiera.
Estaba empezando a ver borroso para
entonces, el escaso oxigeno que lograba llegar a mis pulmones no me servía de
mucho. Finalmente, cuando me pensaba que me desmayaría, me soltó y me dejo caer
agresivamente, por suerte logré mantenerme de pie, tosiendo y tomando
respiraciones profundas como si en ello se me fuera la vida.
- Si sigues siendo maleducada, tus
padres lo pagarán – me tomó un segundo comprender que se refería a Melanie y a
Fred – lo merecerían por no haberte inculcado buenos modales ¿no crees?
No dije nada, seguía tosiendo,
recuperándome y suministrando oxígeno a mi cuerpo, aunque hubiese querido, no
habría podido responderle, estaba encorvada, con mis manos apoyadas en mis
rodillas y regulando mi respiración.
- ¿Qué te he dicho de los modales? – Me
regañó – contéstame.
- Solo acaba con esto – respondí con
voz ronca.
- ¿Acabar? Cariño, la noche a penas
empieza... – su frase se cortó abruptamente y una amplia y escalofriante
sonrisa se ensanchó en sus labios - Pero
podría terminar para ti primero si así lo deseas – la miré desconfiada – no me
mires de esa forma, estoy hablando enserio. Puedo hacer lo que me pides,
siempre y cuando me des algo a cambio.
Entrecerré los ojos.
- ¿Algo a cambio?… - tragué grueso -
¿Mi sangre?
Phoebe, se rió jocosamente.
- Si ese fuese el precio a pagar, no me
molestaría en decírtelo – movió la cabeza en negativa – Nada de eso, sería
demasiado fácil. Me has agradado, así que aprovechando eso y el hecho de que
estoy de buen humor ¿Qué te parecería un juego? ¡Será divertido! – Hice una
mueca, estaba segura que teníamos conceptos de diversión diferentes – te
propongo dejar a tus padres en paz, dejarlos con vida si juegas conmigo ¿te
animas?
Jadeé sonoramente. Su oferta me
sorprendió y me asustó a la vez, era algo que había descartado, dado a lo
imposible que parecía esperar que ella se fuera sin hacerle daño a mi familia,
y ahora estaba prometiendo dejarlos con vida, pero… ¿a cambio de qué?
- ¿Qué clase de juego? – hablé con un
hilo de voz.
- Así me gusta – sonrió de esa forma
que me daban ganas de golpearla sin control - es fácil, debes soportar un par
de pruebitas sin hacer el más mínimo ruido, quiero probar tu resistencia – frunció
el ceño – me pregunto ¿Qué tanto podrás soportar? – Meditó ladeando la cabeza,
mirándome de arriba abajo – solo debes permanecer en silencio y a cambio de
ello, si al terminar el juego has cumplido con esa condición prometo dejarlos
en paz.
- ¿Soportar qué?
- Un poco de dolor a cambio de sus vidas
¿no crees que soy demasiado buena para ser real? – Sonrió – solo he venido en busca de diversión, y sé
que jugar me complacerá más que matarte sin que siquiera seas consciente de
ello – rodó los ojos – entonces ¿empezamos? La única regla es, al primer sonido
mueren los que están arriba.
- ¿Qué pasa si no quiero jugar? –
pregunté cautelosa.
- Morirán todos, como fue mi plan
inicial con la diferencia de que tú serás la última – contestó como si tratara
de un tema trivial.
Me estremecí. Sabía que ella estaba
mintiéndome, que solo quería jugar conmigo por su sádico deseo de ver
sufrimiento, pero tenía que intentarlo, de todas formas, cualquier alternativa
concluía en lo mismo.
– Entonces ¿Qué dices? – sus ojos
brillaron con malicia. Alzó su pálida mano en mi dirección.
Desconfiada pero sin embargo
esperanzada, alcé mi temblosa mano y la uní a la de ella. El contacto con su
piel era incómodo, así que intente alejar mi mano, pero eso no estaba en sus
planes, al contrario, sonrió cuando su agarré se tensó alrededor de mis dedos.
Escuché un extraño ruido proveniente de mi mano.
Antes de que siquiera pudiese
concentrarme lo suficiente como para empezar el juego, ella lo inició. Haló mi
mano en su dirección bruscamente, sin sutileza alguna, desapareciendo ante mis
ojos, soltando mi mano, cuando supo que mi equilibrio se había perdido,
haciendo que terminara en el suelo en un abrir y cerrar de ojos. Solo fui
consciente de ello, cuando sentí un empujón
en mi espalda y seguidamente mi mandíbula dio contra el suelo, haciendo
chocar bruscamente mis dientes. Cerré los ojos con fuerza y me tragué la
maldición que mi cabeza grito.
- Mmm… está bien para empezar – Vi sus
botas de cuero negras a centímetros de mi nariz – a partir de ahora no puedes
hacer ruido. Ponte de pie – ordenó.
Tomando una respiración profunda, para
concentrarme en mantenerme silenciosa a pesar de mi impotencia y la variedad de
dolores que estaba experimentando mi cuerpo, me puse de pie frente a ella, apretando
la mandíbula por dos razones. Una, sentía como si aflojarla significara dejarla
partirse en dos, y segunda preparándome para la siguiente prueba, asegurándome
de mantener mi boca cerrada.
Ladeó la cabeza, meditando su próximo
movimiento.
- De las tres, has sido la más
interesante.
¿De las tres? Espera un momento… Camila…
- Tus ojos se han abierto tanto que
pareces un caricatura en estos momentos – se burló - ¿Te sorprende que mencione
a Camila, también?
¿Cómo sabe su nombre?
- Tengo el tiempo suficiente aquí como
para saberlo – respondió como si pudiese leerme la mente – ella es la más
nerviosa, parece que todo el sentido común que tu deberías tener, ella lo posee
en exceso – sonrió arrogantemente – fue presa fácil, Morgan solo ha tenido que
atraparla a mitad de escalera mientras venia persiguiéndote...
Mis manos se volvieron puños al
comprender el significado de sus palabras. Camila no se había quedado en su
habitación, me había seguido como era de suponerse. Nuestra casa estaba
invadida por vampiros a mitad de la madrugada, incluso antes de que
secuestraran a Karen.
Cam y Karen estaban en peligro de
muerte, las tres lo estábamos y parecía que no había manera de salir ilesas esa
vez. Las consecuencias de las que había hablado Renesmee, las que me
advirtieron mis hermanas que me traería mi estrecha relación con los vampiros, estaban
haciéndose realidad.
Mis lágrimas quemaron mis ojos y mis
dientes rechinaron en mi intento de contener la rabia, que surgía como en la
explosión de un volcán, por mis venas. De un momento a otro, todo a mí
alrededor se tiño de rojo, un ardiente e intenso rojo. En mi cabeza estaba
vociferando mil y un maldiciones contra el monstruo que sonreía burlonamente
frente a mí, pero no podía hablar, aun tenia a Melanie y Fred a mi cargo, así que
me controlaba pero los deseos de golpearla hasta que mis puños sangraran
incrementaban con el pasar de cada segundo.
Su mano se levantó lentamente en mi
dirección y haciendo un puchero ridículo, pulso más fuerte de lo necesario, su
dedo índice contra mi ceño fruncido.
- ¿Por qué esa carita? ¿Sorprendida?
Su tono burlón y arrogante, hicieron
que el último espacio en la copa que representaba mi paciencia, estuviese lleno
hasta desbordarse, y no pude controlarme más. Salté hacia ella, con planes de
arrancarle la cabeza, sin dejar trabajar a mi lado racional. Lo último que vi
fue como puso los ojos en blanco, pues un segundo después había desaparecido.
Tomó un puñado de mi cabello y dejo mi
cuerpo recto de nuevo, con la cabeza hacia atrás, mi cuello traqueó por el
movimiento tan brusco.
- ¿En verdad crees que si quiera podrías
tocarme? No seas ridícula – haló mi cabello hacia atrás, haciéndome retroceder
torpemente, me esforcé por mantener mi equilibrio, pero todo mi esfuerzo se fue
por el caño cuando el costado derecho de mi cabeza rebotó dos veces contra la
pared. Mi cabeza dio vueltas y perdí el control de mi cuerpo. Suplique
mentalmente que no hubiese una tercera, porque estuve segura que me desmayaría.
Cuando esperé otro golpe me soltó, y solo me dejo desplomarme contra el suelo,
completamente mareada.
Cerré los ojos con fuerza, soportando
el dolor en mi cabeza. No haría ni un ruido, no le daría el gusto.
No puedo más – me dije mentalmente, dándome por
vencida, entregándome de lleno a cualquiera que fuera mi destino esa noche.
¡No! ¡Aguanta Caroline! ¡Aguanta, por
favor!
La voz de mi madre apareció en mi
mente, alentándome.
¿Mamá?
Aguanta un poco más, Line. Por favor.
Abrí los ojos, escuchándola,
aferrándome a las palabras de la dulce voz que nunca abandonaría mi memoria. Me
estremecí por completo y quise sollozar hasta el cansancio por la protección y
fuerza que el producto de mi imaginación me hizo sentir. Mordí mi labio inferior
reprimiendo mis gemidos lastimeros y torpemente, me incorpore de nuevo, estuve
parada frente a Phoebe dos minutos después.
- Interesante… bastante resistente para
lo que esperaba, estoy más que sorprendida – entrecerró los ojos y junto sus palmas
a la altura de su cuello, entrelazó sus dedos y apoyo su mentón sobre ellos –
eres bastante persistente, demasiada terquedad en un ser tan débil y pequeño –
movió la cabeza en negativa – ¿no es interesante saber cuánto dolor puedes
soportar?
Inhale profundamente, llenándome de
paciencia, si volvía a saltar sobre ella, tal vez no sería tan dócil de nuevo...
si es que se le podía decir así al hecho de casi traspasar la pared con mi
cráneo.
- Me pregunto si… - apareció frente a
mí en un parpadeo, mi cuerpo se estampo por reflejo a la puerta. Me tomó por la
parte trasera de mi camiseta y mis pies se quedaron sin apoyo de nuevo, el
cuello V de mi pijama estaba dando contra mi cuello y sentía mis ojos a punto
de salir de su sitio - Veamos qué tanta resistencia te queda - murmuró antes de
lanzarme contra el suelo. Solo fui consciente de ello cuando mi mano quedo
doblada de una forma que no podía ser sana entre mi cuerpo y el piso, haciendo
un sonido que solo podría significar una fractura.
¡Mierda! – grité mentalmente, cuando el
dolor en mi muñeca derecha recorrió todo mi brazo, giré sobre mi cuerpo y
sostuve mi muñeca con mi mano ilesa, con fuerza, tratando de llevarla de nuevo
a su sitio, mi mano colgaba de una manera anormal en una posición imposible para
un hueso no roto.
- ¡Genial, mejor de lo que esperaba! –
la escuché celebrar.
Sentía un grito quemando mi garganta,
rogando por exteriorizarse, el silencio hacia que no pudiese concentrarme en
una cosa diferente que los temblores de mi mano, que palpitaba como si mi corazón de repente
estuviese en mi puño y lo mucho que
ardía como acido dentro de mi piel, como si estuviese siendo aplastada y
arrancada sin piedad. Mi respiración se entrecortaba en cada oleada de dolor, y
mi mentón temblaba ante el esfuerzo que me llevaba no emitir sonido alguno. Las
lágrimas empezaron a rodar sin control por las comisuras de mis ojos, en forma
de gritos, esa era mi forma de gritar en silencio.
Mi cabeza estaba a punto de estallar,
mi mandíbula dolía, mi cuello a enviaba punzadas directas a mis cienes y el
dolor en mi muñeca fracturada era insoportable, todo el dolor se unió en uno
solo, apenas me dejaba respirar y sentía como mi cuerpo suplicaba por alivio,
todo me llevó directo a la desesperación, haciendo que me retorciera sin cesar
en el suelo frio de la cocina.
No puedes hacer ningún sonido, aguanta,
aguanta – me recordé a mí misma.
Dolía, dolía como el infierno, pero
aun así me mantuve en silencio, Melanie y Fred tendrían que salir ilesos, todo
mi esfuerzo hasta ese momento no iba a ser en vano.
La vampira, se agachó a mi costado y me
observo furibunda, con el pasar de cada parpadeó la llama en su mirada
aumentaba.
Estoy muerta – me resigné esperando su estocada final.
- ¿Qué esperas? ¿Porque demonios no
estas gritando? – Soltó exasperada por mi silencio - ¿crees que eres lo
suficientemente fuerte? A ver si aguantas esto – su mano se posó en mi mejilla,
con demasiada delicadeza para ser lógico.
Tragué grueso. Noté un sabor a óxido en
mi lengua, me había roto el labio por la fuerza de mi mordida.
- Esto es por ser una arrogante –
arrastró sus uñas por mi mejilla, rasguñándola para luego abofetearme con
fuerza dos veces – y esto va por mi hermana – sus ojos rojos centellaron como
dos pozos de lava – mi querida Aria, siempre fue partidaria de las marcas –
sonrió de lado.
¡No! – De nuevo la voz de mi madre, en un
grito desgarrador exploto en mi cabeza, en el momento en que en que mi piel cedió ante el paso de
la fría y filosa uña de la vampiro. La sentí romper mis tejidos profundamente,
solo le tomo un segundo, pero se sintió como una lenta y sádica tortura.
Tomé
la más desesperada bocanada de aire y fruncí todo mi rostro, intentando
soportarlo, pero no pude más, un gemido bajo, suplicante y desesperado se
escapó de mi garganta. Escuche su risa al fondo de todo mi dolor. Había perdido
el maldito juego…
Mis
dedos tantearon mí mejilla hasta poder sentir la piel fraccionada, caliente y
herida, todo mi cuerpo temblaba para entonces, ni siquiera lloraba o respiraba,
simplemente temblaba. Miré mi palma ensangrentada por un segundo y me basto
para dejar salir mis sollozos, no logrando contenerme por más tiempo. Deje mi
palma sobre la herida, como si de esa manera fuera a cerrarla, pero al
contrario seguía sintiendo como la sangre bullía sin control.
Veía
la expresión satisfecha de Phoebe, sonriendo complacida por mi sufrimiento. Sin
embargo, su expresión cambio en cuestión de un abrir y cerrar de ojos, se
congelo por completo. Ni siquiera fui consciente del momento
en el que caminó hacia la ventana, solo escuché como maldecía. Estuve segura de
que algo andaba mal. Cerré los ojos, exhausta ¿ahora qué?
- Qué demonios - escupió una vez más, mientras tomaba mi casi
inconsciente cuerpo del suelo, a duras penas pude comprender que me cargaba en
sus brazos, sin cuidado y demasiado brusca para un cuerpo que no tardaba en
dejar de responder a tanto dolor. A penas podía percibir el frío que emanaba de
la gélida figura de la vampiro, mi cuerpo estaba lo suficientemente congelado,
cubierto de sudor frío.
El movimiento brusco me hizo soltar
aire de golpe, con los ojos adormecidos y sintiendo demasiado dolor como para
quejarme, simplemente me resigne a lo que sea que siguiera. Los temblores
estaban desapareciendo, siendo adormecidos por la inconciencia que me envolvía
poco a poco.
El viento contra mi piel, ardió, se
filtró en mi muñeca, la cual sostenía con mi mano ensangrentada, intentando
darle algo de calor y alivio, ya habiéndome dado por vencida en mi intento de
retener el sangrado de mi cara. La brisa, con olor a humedad y hierba me hizo
entender que habíamos dejado mi casa y que la razón por la que parecía que
estaba siento golpeada por una corriente de viento, era que Phoebe corría. Me
llevaba lejos de mi casa, y aunque desconocía las razones e imaginaba que no me
esperaba nada bueno, me sentí feliz de que al menos Melanie y Fred, estaban
fuera de peligro.
- ¡Caroline!
Sonreí a medias. Ahora estas alucinando con la voz de Nahuel - me dije y deseé con todas mis fuerzas que
fuese real, que él estuviese allí.
- ¡Esta herida! ¡Hay demasiada sangre
en el aire! – ahora escuché a… ¿Carlie?
- ¡Déjala ir! ¡Estás sola ahora! ¡No
hay manera de que escapes! – la voz de… ¡Alice!
No podía ser una alucinación, se
escuchaban demasiado nítidos y reales, incluso el tono de Alice era amenazante
y el de Nahuel histérico, tal y como sabía que ambos reaccionarían en una
situación como esa. Oh, gracias al cielo…
Nahuel, Alice, Renesmee, cuanto me alegro de escucharlos… No nos detuvimos.
Phoebe decidió ignorarlos. Hice una mueca, mi estómago se revolvía y vomitaría
en cualquier momento, aun cuando apenas tenía fuerzas para respirar.
El sonido de dos rocas chocar, fue lo
último que escuché antes de caer de golpe contra la fría hierba del bosque.
Grité con todas mis fuerzas, cuando mi cuerpo se estrelló contra el suelo, el
grito continuaba retumbando en mis oídos, aun cuando había cerrado la boca. Miré
a mi alrededor una vez más y todo estaba oscuro, solo había una figura
brillante junto a mí.
Cariño, todo va a estar bien. Lo
prometo…
Solté un último jadeo antes de
entregarme al dolor, cerrando los ojos, sin fuerzas, dándome por vencida pero confiando
en las cálidas palabras de mi madre. El aullido de un lobo resonó con fuerza en
el fondo de mi mente.
Deje de ser completamente consiente de
lo que me rodeaba, podía percibir pocas cosas, y me esforzaba por entenderlas… Brisa
húmeda. Phoebe gritaba. Olor a humo. Algo estaba quemándose. Voces mezclándose...
- ¡Aléjate Nahuel, hay demasiada sangre!
¡Alice, gracias al cielo!
- ¿Crees que puedo pensar en su sangre
cuándo la veo en este estado? ¿Qué clase de monstruo crees que soy?
¡Nahuel, estoy tan feliz de escucharte! ¿Qué haces aquí?
- Su pulso es cada vez más débil, hay
que actuar rápido. El dolor que ha experimentado su cuerpo, más el estrés ha
producido un shock. No ha podido soportarlo más. Rápido, Nahuel. Hay que
sacarla de aquí.
¿Carlisle?
Unos brazos gélidos me rodeaban. Movimiento. Mucho frío.
Susurros. Toques fríos contra mi frente.
- Siento no haber estado para
protegerte. Siento haberme ido. No volveré a hacerlo, lo prometo. No volveré a
dejarte sola. Me juré que tendrías una vida larga y feliz, pero para que pueda
cumplirlo tienes que estar bien, Roses. Por favor…
¿De qué juramento hablas, Nahuel? ¿Estás llorando?
- ¡Caroline! ¡Oh por Dios! ¡¿Qué le
paso?! ¡¿Por qué hay tanta sangre en su cara y su cabello?!
¡¿Karen?! ¡Está viva, gracias al cielo! ¿Estás herida? ¿Dónde
está Camila? Tu voz se escucha congestionada, deja de llorar, el peligro paso
yo estaré bien ¡Una vez más los Cullen nos han salvado!
- ¡¿Eso es una herida en el rostro?!
¡¿Está viva, verdad?!
¡¿Camila?! ¡Tú también estás bien! ¡Deja de llorar! ¡Estamos
vivas las tres!
Mucho ruido. Superficie suave en mi espalda.
- Carlie, puedes esperar afuera, no es
necesario…
- Quiero ayudar abuelo, quiero saber
cómo esta.
¿Renesmee? ¿Tú también has estado llorando?
- No me mires así, Ness. No me voy a mover
de aquí.
Nahuel… el solo escucharte me hace sentir mejor, siento un
poco de fuerzas queriendo ser suficientes para preguntarte cómo es que estás
conmigo y no con tu hija.
- No hay tiempo para discusiones
absurdas - Percibí un sutil movimiento en mi muñeca, quise quejarme pero no
encontré mi voz – Tiene una fractura en la muñeca, varios golpes y el sangrado
de su rostro no se detiene – un sonido instantáneo, que identifique como algo
rompiéndose y luego el de un frasco abriéndose, fue seguido de un material
áspero chocando contra mi mejilla. Quise gritar, tampoco fui capaz – sus
costillas están bien, no hay ninguna fractura – algo gélido presiono mis
costados, tan crudamente que dude de si portaba camisa alguna – pero la sangre
se está concentrando rápido por la zona derecha, será un hematoma de gran
tamaño, pero lo importante es que no hay fractura. Su cabeza esta muy hinchada
en la parte trasera, necesito hacerle un par de placas…
Papel rompiéndose.
Punzada en mi mano sana. Ardor esparciéndose por la parte superior de mi
palma…
- ¡Déjenme entrar! ¡Se cómo ayudarla!
¡¿Seth?!
- Seth por favor, tenemos que tratarla
rápido. No hay tiempo para esto.
- Sé cómo ayudarla Alice. No dejaré que
esa maldita chupasangre la deje marcada de por vida.
Mi corazón que latía con desgana se
exaltó al escucharlo, pero sin poder evitarlo fue llevada lejos a algún lugar
por mi inconciencia.
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NOTA IMPORTANTE:
*saliendo de debajo de las piedras* ¿Hola?
¿Hay alguien del otro lado? pues si aún no se han cansado de esperar y alguien está
leyendo esto, solo quiero decir un gran e inmenso ¡LOOO SIEEEENTO! Perdón,
perdón, perdón x.x sé que esta vez me pase, que han pasado meses desde mi última
publicación, tanto paso que seguramente mucha gente se olvidó de la existencia
del fic o se cansó de esperar, eso ha sido lo que más me ha preocupado este tiempo.
Sin embargo, tengo argumentos para
excusarme de alguna manera, como siempre, mis estudios, ahora además de todo el
trabajo – Ok, tampoco es que trabajo como gerente de una línea de hoteles
multimillonaria, pero quita tiempo /: - y cuestiones personales además, no había
tenido las circunstancias correctas para escribir algo presentable hasta hace
poco, con el ánimo que personas que mis adoradas betas siempre me dan, al fin salió
el cap. 32 :D el cual, si están leyendo esto, quiere decir que leyeron. Espero
les haya gustado lo suficiente como para disculpar mi larga ausencia por acá,
la cual prometo no volverá a prolongarse tanto, haré todo lo que pueda para
organizarme mejor entre todas las ocupaciones que tengo ahora, no será algo
forzado porque escribir es una necesidad para mí, para escaparme un poco de
todo :)
Ya habiéndome disculpado, es momento de
hablar sobre el capítulo ¿Qué les pareció? ¡Comenten para saber que no estoy
hablando sola! Me gustaría saber su opinión sobre todo y sé que como recién aparezco
no ando para estar exigiendo pero se los estoy pidiendo como niña buena y
tierna que soy :D ¿les gusto? ¿Alguna sugerencia?
Como habrán notado este no es el final
de “Dividida” como había pautado anteriormente, hubo un cambio de planes y habrá
un capítulo más, es decir, habrá un total de 33 capítulos :D y acá les dejo el
link de la publicación donde podrán ver el nombre y la portada de la segunda
parte de él fic :) la cual espero sea igual de bien recibida que esta :D
Sin más que decir, que ya me extendí
bastante jajaja x.x espero tengan una gran semana, dejen sus comentarios acá
abajito y pasen de nuevo pronto porque el capítulo 33 estará aquí pronto, haré
todo lo posible, lo prometo.
¡Un beso!
CaroR ;)
PD: YA SOMOS 200 GRACIAAAS! *-*